una mujer blanca de piel tersa,
con ojos de mirada profunda,
penetrante y relajante...
Sin decir palabras me miró;
sus labios finos y rosados
se arquearon en una
hermosa y cómplice sonrisa.
Fue entonces que lo supe,
éste era el momento del
reencuentro... y la magia
empezó.

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